Democracia

Democracia
(Démocratie). Clase. “Si se entiende por democracia el ejercicio efectivo del poder por una población que no está dividida ni ordenada jerárquicamente en clases, está perfectamente claro que estamos muy alejados. Es también claro que vivimos en un régimen de dictadura de clase, de poder de clase que se impone por la violencia, aun cuando los instrumentos de esta violencia son institucionales y constitucionales” (DE2, 495). Mercado. Dependemos de una democracia de mercado, del control que proviene de la dominación de las fuerzas del mercado en una sociedad desigual (DE2, 497). Grecia. Antígona y Electra de Sófocles pueden ser leídas como una ritualización de la historia del derecho griego, la historia del proceso a través del cual el pueblo se adueña del derecho de juzgar, de decir la verdad, de oponer la verdad a sus jefes. Este derecho ha sido la gran conquista de la democracia griega (DE2, 571). Control, vigilancia. A más democracia corresponde más vigilancia. Una vigilancia que se ejerce casi sin que las personas se den cuenta, por la presión del consumo (DE2, 722). • Ha sido la democracia, más que cierto liberalismo, que se desarrolló en el siglo XIX, la que perfeccionó técnicas extremamente coercitivas. Éstas han sido el contrapeso de la libertad económica; no se podía liberar al individuo sin disciplinarlo (DE4, 92). Liberalismo. La democracia y el estado de derecho no son necesariamente liberales ni el liberalismo es necesariamente democrático o está necesariamente ligado al estado de derecho (DE3, 822). Socialdemocracia. La concepción supuestamente marxista del poder como aparato de estado, como instancia de conservación, como superestructura jurídica, se encuentra esencialmente en la socialdemocracia europea de fines del siglo XIX. El problema de la socialdemocracia era cómo hacer funcionar a Marx dentro del sistema jurídico de la burguesía (DE4, 189).
Démocratie [60]: DE1, 615. DE2, 340, 384, 495, 497, 513, 571, 702, 721-722. DE3, 184, 280, 614, 623, 626, 692, 724, 822. DE4, 49, 78, 92, 189, 344, 392, 500, 504, 521, 587, 617, 751. HS, 130-131, 159. HS2, 242. IDS, 30, 180-181, 185, 190, 234. PP, 78. SP, 245, 293.

Derrida, Jacques
(1930-). Cogito, locura. La lectura de las Meditaciones de Descartes, específicamente de la relación entre el cogito y la locura, dio lugar a una conocida polémica entre Foucault y Derrida. Véase: Cogito. Escritura, discurso, metafísica. Respondiendo a una pregunta acerca de la interpretación de Derrida de la metafísica occidental como dominación de la palabra sobre la escritura, Foucault señala: “Yo no soy capaz de hacer tan altas especulaciones que permitirían decir: la historia del discurso es la represión logocéntrica de la escritura. Si fuese así, sería maravilloso… Desgraciadamente, el material humilde que yo manipulo no permite un tratamiento tan majestuoso. […] Me parece que si se quiere hacer la historia de ciertos tipos de discurso, portadores de saber, no se puede no tener en cuenta las relaciones de poder que existen en la sociedad en la que este discurso funciona” (DE2, 409). • “Hace algunos años, había en Francia una costumbre ‘a la Heidegger’, diría: todo filósofo que hacía una historia del pensamiento o de una rama del saber debía partir al menos de la Grecia arcaica y sobre todo nunca debía ir más allá. Platón no podía ser sino la decadencia a partir de la cual todo comenzaba a cristalizarse. Este tipo de historia en forma de cristalización metafísica establecida de una vez por todas con Platón, retomada aquí, en Francia, por Derrida, me parece desconsolador” (DE2, 521).
Jacques Derrida [108]: DE1, 101, 813, 815. DE2, 245, 247-248, 250, 252-258, 262-267, 281-295, 409, 521. DE4, 446. HS, 26, 351. PP, 295.

Descartes, René
(1596-1650). Locura. En L’Histoire de la folie, Foucault explota el carácter contemporáneo de la publicación de las Méditations métaphysiques y la creación del Hospital general en París. Por un lado, el gesto institucional que excluye al loco, confinándolo en el hospital, dando inicio al “gran encierro”; por otro, en la interpretación de Foucault, el gesto teórico que excluye la no-razón, que la separa de la razón. “En la economía de la duda, hay un desequilibrio fundamental entre la locura, por una parte, y el sueño y el error, por otra. Su situación es diferente en relación con la verdad y con aquél que la busca. Los sueños o ilusiones están superados por la estructura misma de la verdad; pero la locura está excluida por el sujeto que duda” (HF, 68-69). “Si el hombre puede siempre estar loco, el pensamiento, como ejercicio de la soberanía de un sujeto que se impone el deber de percibir lo verdadero, no puede ser insensato” (HF, 70). Esta interpretación, acerca de la relevancia o, mejor, de la especificidad de la locura en el camino de la duda, dio lugar a una polémica con Derrida de la que nos ocupamos en el artículo Cogito. Cartesianismo. En Les Mots et les choses se nos ofrece una interpretación del cartesianismo a partir de lo que Foucault denomina la episteme clásica, aunque –es necesario tenerlo presente– Foucault está ocupándose de la episteme clásica como fenómeno general, y no de Descartes en particular. Según su lectura, hay que distinguir tres cosas: 1) el mecanicismo que, durante un período bastante breve, se propuso como modelo teórico para otros dominios del saber; 2) el esfuerzo por matematizar los órdenes empíricos, a veces aceptado y propuesto como horizonte de toda ciencia, a veces también rechazado; 3) la relación que todo el saber de la época clásica mantiene con la máthesis como ciencia general de la medida y del orden. Ahora bien, en la expresión de Foucault, bajo la fórmula mágica y vacía de “influencia cartesiana” o “modelo newtoniano” se confunden frecuentemente estas tres cosas y, por ello, se define el racionalismo como el intento por hacer la naturaleza calculable y mecánica (MC, 70). “Porque lo fundamental, para la epistéme clásica, no es ni el suceso o el fracaso del mecanicismo ni el derecho o la imposibilidad de matematizar la naturaleza, sino una relación con la máthesis que, hasta fines del siglo XVIII, permanecerá constante e inalterada. Esta relación presenta dos características esenciales. La primera es que las relaciones entre los seres serán pensadas bajo la forma del orden y de la medida, pero con este desequilibrio fundamental: siempre es posible referir los problemas de la medida a aquéllos del orden” (MC, 71). Medir y ordenar serán los modos racionales de comparar. Foucault se refiere aquí a las reglas VI, VII y XIV de las Regulae de Descartes. En este sentido, el pensamiento clásico, a diferencia del Renacimiento, excluye la semejanza como experiencia fundamental y forma general del saber; ahora es necesario someterla al análisis según la medida y el orden (MC, 66-67). Modernidad. En Les Mots et les choses, Foucault opone el cogito moderno y el cogito cartesiano. Véanse al respecto: Cogito, Hombre. En este contexto, la modernidad en términos filosóficos no comienza con Descartes, sino con Kant. Más adelante, desde la perspectiva del estudio histórico de las prácticas de sí mismo, lo que Foucault denomina el “momento cartesiano” se hace coincidir con el comienzo de la modernidad. Véanse: Cuidado, Modernidad. Sujeto: La identificación sujeto-conciencia en el nivel trascendental es característica de la filosofía occidental desde Descartes hasta nuestros días (DE2, 372). El sujeto ha sido el problema fundamental de la filosofía moderna de Descartes a Sartre (DE3, 590).
René Descartes [254]: DE1, 171, 247, 261, 327, 348, 446, 454-455, 457-458, 461, 479, 499, 551-553, 596, 611, 649, 661, 768, 770, 775, 784. DE2, 106, 113, 245-248, 250-251, 253-256, 259-260, 262-268, 283-295, 372, 376, 382, 477-479, 483, 540, 547, 549, 751. DE3, 30, 431, 433, 571, 590. DE4, 52, 169, 231, 410-411, 446, 630-631, 679-680, 723, 767, 789, 810. HF, 67, 69-70, 186-187, 210, 236, 289, 294, 311, 337, 366, 375, 412, 414, 431, 437, 638. HS, 19, 25-28, 30, 183, 281, 296, 340-443. MC, 65-66, 84, 138-140, 217, 260, 314, 334-335, 357. NC, IX. PP, 29, 38, 130, 139, 284, 295. SP, 138.

Deseo
(Désir). En la obra de Foucault nos encontramos con numerosísimas referencias al tema del deseo, sin que nos ofrezca una teoría del deseo o pretenda hacerlo. Pero cada uno de los campos de análisis de Foucault ha dado lugar a consideraciones acerca del deseo. Saber. 1) Representación. El fin de la episteme clásica coincidirá con el retroceso de la representación respecto del lenguaje, de lo viviente, de la necesidad. La fuerza sorda de la necesidad y el deseo escapará al modo de ser de la representación (MC, 222). Véase: Episteme clásica. 2) Finitud. En el fondo de todas las empiricidades que muestran las limitaciones concretas de la existencia del hombre, se descubre una finitud más radical que está dada por la espacialidad del cuerpo, la apertura del deseo y el tiempo del lenguaje (MC, 326). Véase: Hombre. 3) Psicoanálisis, psicología. • A diferencia de las ciencias humanas (por ejemplo, la psicología, la sociología) que se mueven en el ámbito de la representación, el psicoanálisis avanza hacia una región en la que la representación queda en suspenso. En esta región se esbozan tres figuras: la vida, que con sus funciones y sus normas viene fundándose en la repetición muda de la Muerte; los conflictos y las reglas, en la apertura desnuda del Deseo; las significaciones y los sistemas, en un lenguaje que es a la vez Ley (MC, 386). • El psicoanálisis se sirve de la relación de transferencia para descubrir, en los confines exteriores de la representación, el Deseo, la Ley y la Muerte, que designan en el extremo del lenguaje y de la práctica analítica las figuras concretas de la finitud (MC, 389). Poder. 1) Represión, poder, ley. • En el tema general del poder que reprime el sexo y en la idea de la ley como constitutiva del deseo se encuentra una misma mecánica supuesta del poder, definida de una manera bastante limitada. Sería un poder cuya única potencia consiste en decir “no”, sin producir nada; un poder concebido esencialmente según un modelo jurídico, centrado en el enunciado de la ley y el funcionamiento de la prohibición (HS1, 112-113). • Es necesario desprenderse de la imagen del poder-ley, del poder-soberanía que los teóricos del derecho y de la institución monárquica han diseñado; desprenderse del privilegio teórico de la ley y de la soberanía (HS1, 118). • Esta concepción jurídico-discursiva del poder domina tanto la temática de la represión como la teoría de la ley constitutiva del deseo. La distinción entre el análisis que se hace en términos de represión de los instintos y el que se hace en términos de ley del deseo pasa por el modo de concebir la dinámica de las pulsiones, no el poder (HS1, 109). • La relación de poder está allí donde hay deseo; es, pues, una ilusión su denuncia en términos de represión y una vanidad la búsqueda de un deseo fuera del poder (HS1, 108). Véanse: Poder, Represión. 2) Verdad. • “[…] el discurso verdadero no es más, desde los griegos, aquel que responde al deseo o aquél que ejerce el poder. En la voluntad de verdad, en la voluntad de decir este discurso verdadero, ¿qué está en juego si no es el deseo y el poder?” (OD, 22). 3) Edipo. Foucault considera la historia de Edipo no como el punto de origen de la formulación del deseo o de las formas del deseo del hombre, sino, por el contrario, como un episodio bastante curioso de la historia del saber (DE2, 542). • Edipo no sería una verdad de la naturaleza, sino un instrumento de limitación y de coerción que los psicoanalistas utilizan, desde Freud, para contener el deseo y hacerlo entrar en una estructura familiar definida históricamente (DE2, 553). Véase: Edipo. 4) Deleuze. Deleuze y Guattari han tratado de mostrar cómo el triángulo edípico padre-madre-hijo no es una verdad atemporal ni una verdad profundamente histórica de nuestro deseo, sino una estrategia de poder (DE2, 553). Véanse: Deleuze, Edipo. 5) Conocimiento, placer. • En Aristóteles, la relación conocimiento-placer-verdad que es puesta de manifiesto por el acto de ver es transportada a la contemplación teórica. El deseo de conocer supone la relación entre conocimiento, verdad y placer (DE2, 243). Ética. 1) Hombre de deseo. • La experiencia moderna de la sexualidad y la experiencia cristiana de la carne son dos figuras históricas dominadas por el hombre de deseo. Los volúmenes I y II de Histoire de la sexualité se proponen estudiar los juegos de verdad en la relación consigo mismo como sujeto en el ámbito del hombre de deseo. Constituirían una genealogía del hombre de deseo desde la antigüedad clásica hasta los primeros siglos del cristianismo (HS2, 11-13). • La genealogía del hombre de deseo no es un examen de las sucesivas concepciones del deseo, de la concupiscencia o de la libido, sino un análisis de las prácticas por las cuales los individuos se constituyen como sujetos de verdad en relación con el deseo, es decir, de las prácticas que permiten decir la verdad del deseo (HS2, 11). 2) Dispositivos de sexualidad y de alianza. Con el psicoanálisis, la sexualidad da vida a las reglas de la alianza, saturándolas de deseo (HS1, 150). • Freud hizo del mundo de la imaginación un mundo habitado por el deseo, así como la metafísica clásica hizo que el querer y el entendimiento habitasen el mundo físico (DE1, 70). 3) Confesión, scientia sexualis. • “El deseo era así un elemento constitutivo del pecado. Y liberar el deseo no es otra cosa que descifrar uno mismo su inconsciente como los psicoanalistas y, mucho antes, la disciplina de la confesión católica lo han hecho” (DE3, 527). • A diferencia de la ars erotica, en la scientia sexualis nos encontramos con un tipo de saber que problematiza el deseo, no el placer (DE3, 104). Véase: Confesión. 4) Sade. • La aparición del sadismo se sitúa en el momento en el que la sinrazón, encerrada después de más de un siglo y reducida al silencio, reaparece no como figura del mundo ni como imagen, sino como discurso y deseo (HF, 453). • “El gran intento de Sade, con todo lo que puede tener de patético, reside en el hecho de que trata de introducir el desorden del deseo en un mundo dominado por el orden y la clasificación. Es esto lo que significa exactamente aquello que él denomina ‘libertinaje’. El libertino es el hombre dotado de un deseo suficientemente fuerte y de un espíritu suficientemente frío para lograr hacer entrar todas las potencialidades de su deseo en una combinatoria que las agota absolutamente todas” (DE2, 375). Véase: Sade. 5) Aphrodísia, placer. La atracción ejercida por el placer y la fuerza del deseo que lleva hacia él, junto al acto mismo de los aphrodísia, forman una unidad esencial para los griegos de la época clásica. Con el helenismo y con el cristianismo esta unidad comenzará a fragmentarse (HS2, 51-52). En el uso de los aphrodísia, el objetivo no es anular el placer; al contrario, se trata de mantenerlo (HS2, 66). Pero en los griegos, por ejemplo en Aristóteles, puesto que el deseo de placer es insaciable, es necesaria la medida de la razón que caracteriza a la sophrosýne (HS2, 100). • Conceder al placer el menor espacio posible; utilizarlo, a pesar de él mismo, para tener hijos; practicarlo sólo dentro de la institución del matrimonio: estos tres principios que se consideran característicos del cristianismo estaban ya presentes en el helenismo y en el mundo romano (DE3, 559). Véase: Aphrodísia. 6) Hermenéutica. • En la experiencia cristiana de la carne, la problematización de la conducta sexual no es el placer o la estética de sus usos, sino la hermenéutica purificadora del deseo (HS2, 278). Véase: Cuidado.
Désir [929]: AN, 18-20, 114, 120-121, 132-134, 146, 155, 165-166, 170, 175, 177-180, 187, 189, 195, 203, 205, 217-220, 229-230, 247, 249, 251-253, 257-258, 261, 263-264, 268, 288, 309-310. AS, 22, 24, 31, 65, 89-91, 138, 151, 153, 196-197. DE1, 69-71, 74, 78, 88-89, 92, 94, 105, 107, 110, 112-113, 115-116, 124, 162, 219, 221-227, 233, 263, 297-298, 300, 305, 307-308, 312, 327-328, 329, 334-336, 426, 512, 521-522, 525, 532-533, 688, 700, 749, 759, 783, 785-786, 802, 818. DE2, 21, 67, 75, 78, 84, 94, 102, 116, 145, 161, 164, 226, 232, 242-243, 314, 325, 355, 365, 375-377, 386, 395, 447, 448, 516, 542, 547, 553-555, 611, 623-624, 626-628, 635, 639, 641, 644, 651, 653-655, 660, 664, 678, 692, 695, 707, 710, 713-714, 746, 754, 757, 769, 772, 779, 814-815, 819-820, 825-826. DE3, 21, 54, 83, 90-91, 98, 104, 133-135, 149, 227, 262, 265, 280, 303, 363, 381-382, 422, 424, 470, 474, 517, 526-527, 553-556, 559, 568, 594, 603, 617, 628, 733, 747, 781, 783. DE4, 79, 108, 121, 148-149, 163-164, 175, 183, 198, 205, 215, 244, 246, 248, 251-252, 295-297, 303, 310, 313, 316-317, 320, 326, 333, 352, 386, 389-397, 399-401, 445, 467-469, 529, 533, 540-542, 546, 552, 557, 583, 592, 605, 608, 611, 614, 616-617, 619-620, 622, 633-634, 637, 657, 661, 663, 668, 672, 705, 710-711, 717-718, 730, 735, 738, 751, 783, 802, 810-811. HF, 35-38, 76, 122, 137-138, 221, 231, 372, 384, 413, 423-426, 452-453, 460, 466-467, 636, 639, 643, 657-659, 671. HS, 41, 49, 84, 88, 134, 211-212, 274, 330-331, 363, 405, 413-414. HS1, 20, 28, 30, 32-33, 63, 103, 107-109, 112, 114, 118, 144, 149-150, 170-172, 198, 207-208. HS2, 10-13, 18-19, 27, 34, 48, 50-55, 59, 62, 65-66, 78, 81, 89, 98, 100-103, 106, 151-152, 155, 162, 180, 186, 208, 210, 212, 218, 226, 244, 246, 248, 252-253, 255, 261, 263, 265, 267-269, 278. HS3, 22-25, 60, 81, 83, 84-85, 97-98, 128-130, 136, 145, 150, 155, 157-160, 162, 165, 167, 179, 193, 229, 232, 238, 251-252. IDS, 36, 108, 132. MC, 107, 121, 134, 184-185, 187, 203-204, 221-224, 235-237, 250, 255, 269, 320, 325-326, 373, 386-387, 389. MMPE, 26, 38, 42-46, 49, 66. MMPS, 26, 38, 42-46, 49, 66. NC, 16, 84. OD, 8-9, 12, 15, 22-23, 48, 80. PP, 61, 102, 107, 174-175, 184-185, 189, 275, 293. RR, 183, 199. SP, 108, 114, 124, 182, 243, 252, 272, 310.